Jardín de Infancia: Primer Septenio

En el primer septenio el niño es una globalidad orgánica, emocional, y espiritual,
por lo tanto las vivencias quedarán impregnadas de una manera global, en todo su ser.

Historia De La Pedagogía Waldorf

La primera Escuela Waldorf fue fundada el 7 de septiembre de 1919, en Stuttgart (Alemania) por el filósofo, artista y profesor austríaco Rudolf Steiner, quien señalaba que el papel central de la pedagogía, es proveer a los seres humanos de las circunstancias y medios adecuados para que logren un grado óptimo de libertad verdadera, que les permita realizarse sin interferir con la libertad de los demás. Steiner fue fundador del movimiento antroposófico, que considera al ser humano desde un punto de vista holístico.

Rudolf Steiner desarrolló una educación balanceada, basada en el desarrollo adecuado a la edad del niño, que toma en cuenta el desarrollo de la voluntad, las emociones y el pensamiento, reconociendo la naturaleza social y espiritual de su ser, estas ideas daban lugar a una nueva forma de educación como medio para transformar a la sociedad.

La pedagogía Waldorf tiene como finalidad el desarrollo de cada individualidad. Su concepción del ser humano es amplia e integral. De ahí que su metodología facilita el despliegue de las capacidades y habilidades propias del niño y del joven.

Este movimiento pedagógico se extendió muy pronto por otros lugares de Europa y unos años después al resto del mundo, llegando a Chile aproximadamente 30 años atrás.

Jardín De Infancia Waldorf… Primer Septenio:

El primer septenio abarca desde que el niño nace hasta sus siete años. En este periodo los niños se entregan por completo a su entorno físico, absorbiendo el mundo a través de sus sentidos y su corporalidad. Por esta razón el jardín de infancia Waldorf es para el niño un hogar que pretende proporcionar un ambiente armonioso para su desarrollo.

Los materiales que manipulan los niños son siempre naturales y poco estructurados, lo cual les permite desarrollar su imaginación y creatividad, a la vez que les proporciona percepciones sensoriales ricas y verdaderas.
Gran parte de las habilidades que desarrollan los niños en este septenio se logran gracias a su capacidad natural de imitación, el niño imita sin discriminar, de ahí la importancia del entorno y que el adulto que acompaña al niño realice actividades merecedoras de ser imitadas.
La concentración y el amor por aprender son desarrollados desde actividades sencillas pero profundas, tales como dibujar, pintar, cantar, escuchar historias, amasar pan, entre otras.
El niño pequeño es por naturaleza un ser en movimiento, necesita estar activo, por esto la educación Waldorf está dirigida a fortalecer y desarrollar la inteligencia del niño a través del hacer. Esto implica un aprendizaje participativo por medio de la experiencia personal.

También el juego libre es muy importante en la primera infancia, cuando el niño juega despliega toda su imaginación y fantasía transformadora, aprende a relacionarse y recrea lo que observa, de esta manera los pequeños crecen sanos desarrollando diversos tipos de habilidades que les servirán hoy y en la vida futura.